Warhammer 40,000
Fate of Konor: La galaxia en llamas
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Arde Ultramar. Las pútridas huestes de la Death Guard, lideradas por el Primarca Daemon Mortarion, han orquestado un furibundo asalto sobre el espléndido imperio de los Ultramarines. Esta erupción de guerra total amenaza con ahogar a las estrellas en la sangre y el terror. Legiones de Heretic Astartes y monstruosidades nacidas del Chaos han aplastado mundo a mundo, extendiendo a su paso la maligna corrupción de los Dioses Oscuros. Pero no se ha perdido toda esperanza. El regreso del Primarca Roboute Guilliman ha frenado lo que parecía la inercia imparable del avance del Chaos. En una serie de batallas sangrientas, los ejércitos del Imperium, reforzados por los potentes Primaris Space Marines, han recuperado muchos mundos que se creían perdidos, obligando a sus enemigos odiados a retirarse o reagruparse.

Ahora los adoradores del Chaos pretenden recuperar su ventaja abriéndose paso con violencia a través de la línea de batalla imperial hasta Macragge, mundo natal de los Ultramarines. Si se salen con la suya, la mayor fortaleza imperial del sector se verá gravemente amenazada, y las fuerzas de Guilliman quedarán aisladas y rodeadas. Con este fin, las fuerzas del Chaos deben conquistar el Sistema Konor. Alimentado por el poderío industrial del mundo forja de Konor, este centro de fabricación y producción efectúa vitales envíos de munición y maquinaría a las fuerzas imperiales. Poblado y próspero, con una fuerza de defensa numerosa y bien pertrechada, el Sistema Konor personifica el sueño de gloria de Ultramar. También protege una de las pocas rutas de tránsito warp estables al Sistema Macragge. De no detenerse el avance del Chaos, Konor no tardará en caer y el camino al centro de Ultramar quedará al descubierto.

Pero los guerreros del Adeptus Astartes no cederán aquello que les pertenece por derecho sin luchar. Los Ultramarines se encaran ante el Chaos con nobleza y coraje, aplastando al enemigo con bólter y espada. Y no están solos. El mazo del Astra Militarum acude presto al combate, puño blindado compuesto por devastadoras columnas de tanques e interminables regimientos de soldados que todo lo reducen a polvo y cenizas. Los Capítulos dispersos de Space Marines acuden también a la zona de guerra en calidad de refuerzos de tropas de refresco, con miras a ayudar a sus acosados hermanos. Los enigmáticos Tech-Priests del Adeptus Mechanicus envían a sus legiones de acero, y los poderosos Imperial Knights huellan la matanza como los dioses de la guerra de antaño.

Hasta el último combatiente, hasta la última munición de bólter, la última bomba, tendrán vital importancia porque la presencia del Chaos en el Sistema Konor resulta impensable. Los guerreros de la Death Guard marchan con paso implacable mientras el fuego enemigo mella apenas la herrumbrosa servoarmadura y la piel pálida. A cambio el Chaos bombardea con toxinas nocivas y plagas capaces de derretir la piel. Las legiones daemónicas se abaten al compás del avance del Chaos, exultantes ante la posibilidad de causar semejante tormento en el reino de lo material. Las huestes de Heretic Astartes, millones y millones de depravados cultistas mortales, y un millar de horrores diversos, convergen en Konor, atraídos por su aura de muerte y dolor como tiburones a la carnaza.

En torno a esta tormenta de ira y fuego acechan las razas xenos, todas ellas más pendientes de sus misteriosos objetivos. Millones de Orks acuden a la guerra encantados ante la perspectiva de la matanza. Los Aeldari de los craftworlds y el distante círculo Drukhari ofrecen sus servicios en calidad de mercenarios o emprenden incursiones que obedecen a planes ignotos. Los Tyranid y las fuerzas T’au acuden procedentes de la Franja Este, sacando partido de la situación o aprovechando la lucha intestina de las razas jóvenes para extender las fronteras de sus viejos imperios.

No hay parte del Sistema Konor que quede al margen de la guerra que se avecina. Si el Heretic Astartes logra su objetivo, los mundos del sistema se armarán y se volverán contra Ultramar. Las fuerzas del Chaos abrirán por las armas una ruta a Macragge, y esta luz resplandeciente del Imperium se enfrentará a la erradicación.